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jueves, 12 de abril de 2018

La VIII Cumbre del “ya veremos” en Perú


Son tantos los laberintos que podrán quedar a la elección de los protagonistas de la VIII Cumbre de las Américas en Perú, que bien vale la pena adelantar este “VAMOS A VER” que les propongo, para luego de su final arribar a las conclusiones definitivas. Pero algo sí puedo afirmarles con seguridad y es que si bien EE.UU. parece no querer cambiar jamás en sus apetencias imperiales, los tiempos han cambiado y ya todos los pueblos, con sus arremetidas y caídas, han visto o presienten el alba que llega o llegará inexorablemente.
A unos pocos días del inicio de la VIII Cumbre de las Américas en Perú se conoce que la convocatoria tiene como tema, propuesto por el país sede, el de la corrupción y la gobernabilidad, así como otros, con todos los matices e intríngulis que los mandatarios de todos los signos políticos quieran resaltar en sus intervenciones, sean verídicas o simple retórica de boca para afuera. Sin embargo, para sorpresa del presidente peruano PPK, el promovente del tema principal, se encontró en la situación del cuento infantil que relata que “el ratoncito Pérez cayó en la olla por la golosina de la cebolla”, pero con un cambio en la golosina que se llama corrupción. Así que el país y el gobierno anfitrión de la cita continental quedaron descalificados como promotores de la honestidad hemisférica sobre este asunto. ¿Cómo quedaría Almagro con este tremendo fiasco, cuando públicamente trató de apuntalar a PPK, a punto de ser destituido en aquel instante, sobre la supuesta confesión que le hiciera antes sobre su intención del indulto a Fujimori, por razones humanitarias?
A este desaguisado se une un despropósito también de alto quilate. Y es que la invitación inicialmente remitida al presidente Maduro de Venezuela, fue prontamente retirada, con una argucia injerencista sobre las elecciones convocadas en Venezuela. Además de corrupto, PPK actuó como un mentiroso, ya que, en verdad, la retirada de la invitación, respondió a su actitud servil de besalospiés y servidor genuflexo del flamante dictador de la Casa Blanca, y, por eso mismo, oveja de la misma camada que otros mandatarios del llamado Grupo de Lima. Así que todos estos conjurados, -concitados también por el Almagro de la OEA (viejo ministerio de colonia) y su travestismo político-, que pretenden aislar y asfixiar a Venezuela, y que borrachos de sus pírricas victorias electoreras y alienados por su rancia estirpe reaccionaria, han querido cantar victoria por adelantado con la exclusión de Maduro de la Cumbre, pues le tienen miedo ver y oír a un nuevo Chávez redivivo.
De forma torpe, ellos y Trump, perdieron la oportunidad de afrontar a partir de la unidad de América toda, sin exclusión injusta e injustificada, el tema u otros en debate democrático, aunque diverso y apasionado, y abrieron la caja de Pandora, y van a tener que escuchar en todos los idiomas, ya que es esperable la traducción simultánea, hablar sobre Venezuela y su presidente, y otros temas candentes, como nunca antes ha ocurrido en tan corto tiempo. Y todo esto es previsible, porque el nuevo presidente del Perú, con posibilidad de rectificar una decisión servil de su predecesor, para adoptar una actitud digna y soberana, se ha decidido a asumir como propia una tara hereditaria que sin dudas refleja un continuismo pernicioso. ¿Por qué lo ha hecho?
El otro asunto incluido en el “ya veremos”, será la actitud y la pose del emperador del Norte. Con tantas ofensivas declaraciones sobre los vecinos del Sur, con tantas agresiones y amenazas, con su decisión de levantar un muro infranqueable para los humildes hombres, mujeres y niños de nuestra América (¿será tan alto como su Torre Trump?) y a quienes parece calificar o considerar como cucarachas indeseables, aunque ha llenado a esos emigrantes de los epítetos más espurios.
Pero, ¡ay!, señor Trump, qué bueno sería que asumiendo la más pura y legítima reciprocidad, los gobiernos de nuestros pueblos levantaran su dignidad ofendida tan alto como las palmas y, sin levantar ningún muro, derribaran con un gesto y decisión soberanos todos los pactos que han permitido la presencia en su territorio de bases militares de todo tipo donde pululan los ingenios espías más sofisticados y por supuesto los miles de emigrantes militares estadounidenses de carácter rotatorio que ocupan dichas bases y que hasta ahora son inmunes ante las leyes nacionales de los países. Aunque también las ocupan “a las malas”, como es el caso de la Base de Guantánamo en Cuba, que es el fruto de un despojo pactado a la fuerza desde hace más de un siglo.
¿Verdad que sería deseable que eso pasara en el mundo entero, y que sin levantar muros, se levantara una doctrina para la paz en que ninguna nación pudiera poseer bases militares de ningún tipo fuera de su territorio ni mantener circulando agrupaciones de flotas navales y aéreas fuera de sus aguas territoriales y espacios aéreos propios y naturales establecidos por el derecho internacional?
Otro asunto del “ya veremos” debe ser el bloqueo contra Cuba y las actuales arremetidas de Trump en los tiempos recientes. Tiene en La Habana una embajada que ya en la práctica no lo es. Y, ¡oh!, sapiensa divina del ególatra empresario-emperador, que ordena que los aspectos consulares para los cubanos deban efectuarse en otro país situado a miles de kilómetros de Cuba.
Si alguien no sabe todavía la causa de los llamados ataques sónicos de sus diplomáticos en La Habana que provocaron determinadas dolencias, sería bueno decirlo en esta cumbre y en los foros. Pero desde ahora se lo diré en forma inmediata.
Los supuestos ataques sónicos a sus diplomáticos que esgrime el gobierno de Trump y de los cuales culpa a Cuba, ya tiene un origen y una causa verdaderos, y es ni más ni menos, el invento de una mentira colosal, desprestigiada política y científicamente, porque dicha “agresión sónica”, es tan mentirosa y ridícula como las otras miles de mentiras y calumnias que han propalado durante sesenta años y aún propalan contra Cuba. No tienen escrúpulos algunos en mentir para que todas sus lenguas propagandistas de sus medios y las de sus servidores y secuaces en el mundo, las repitan como eco y las repiquen como las campanadas de las iglesias. ¿No existen pruebas suficientes en la historia que corroboran eso en forma irrefutable?
¿Quedará todavía en nuestra América y en el resto del mundo algún papanatas que crea que el monroísmo o doctrina Monroe, recientemente proclamado como vigente por el recién despedido Secretario de Estado yanqui, y hermano del destino manifiesto y de la política del buen vecino, tiene algún valor legítimo? ¿Se atreverá Trump a mencionar las susodichas políticas trazadas para mantener un yugo imperial sobre nuestros países, explotarlos mejor y amenazarlos, invadirlos y agredirlos en los momentos coyunturales que estimen pertinentes?
Porque no se puede olvidar que en las “deliberaciones del Presidente Monroe y de sus secretarios de despacho, encabezados por Adams, le fijaron a Cuba su destino por largos años, en abril de 1823: permanecer en fideicomiso en manos de España hasta que pudiera pasar a las de los Estados Unidos”.
Además, que la función de la doctrina, o el propósito de la misma, respaldado por la fuerza de los Estados Unidos, sin lo cual nada significaría, ha sido siempre idéntico desde su origen: impedir que otras potencias cerraran el paso a la expansión norteamericana. Si se dijese que la doctrina tiene por objeto servir los intereses de los Estados Unidos, se expresaría la verdad, y tampoco lo es que su objetivo fuera el derecho a la propia defensa o garantía de su seguridad nacional lo que la determinó, según analizara con brillantez el historiador cubano Ramiro Guerra, en su obra La expansión territorial de los Estados Unidos a expensas de España y los países hispanoamericanos.
Fue su naturaleza expansiva y los propósitos de “caer sobre nuestros pueblos de América, con esa fuerza más”, como alertara José Martí, y no el disfraz diplomático como la vistieron de política de defensa de las naciones hispanoamericanas del Sur.
¿Habrá que recordarle al señor Trump, si se porta belicoso, este rosario de agresiones a nuestros países?
Habrá que recordarles fechas y las veces y en algunos países varias en que ocurrieron tales invasiones con tropas militares desde el siglo XIX y XX.: Estas fueron: en Uruguay, Colombia, Panamá, Haití, Chile, Nicaragua, Honduras, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, México, Guatemala, Salvador, Granada.
Pero, además, en todos han intervenido “torciéndoles el brazo”, según afirmación de Obama, y torciéndoles en fin su destino con golpes de estados militares o civiles, sanciones, amenazas, y atentados a la soberanía de los pueblos. Quien dude o desconozca, que abra las páginas de la historia para que pierda las vendas que han impedido ver lo que ha estado claramente frente y a corta distancia de los ojos, y algo fundamental que los pueblos guardan en la memoria como luto o muerte de miles de sus habitantes, desde hombres humildes hasta los líderes más descollantes.
Del resto de los países del mundo que han sufrido igual suerte, o igual derrota y muerte, también se podría hablar, pero creo que es suficiente con lo ocurrido en el territorio que abarca la Cumbre de las Américas, un convite iniciado por EE.UU. para cumplir su papel de mandamás o de director de orquesta, pero en torno a esto sirve como “anillo al dedo”, lo expresado por José Martí sobre la convocatoria de la Conferencia Internacional Americana en 1887.
En vano,- faltos del roce y estímulo diario de nuestras luchas y de nuestras pasiones, (…) nos convida este país con su magnificencia, y la vida con sus tentaciones, y con sus cobardías el corazón, a la tibieza y al olvido. ¡Dónde no se olvida, y donde no hay muerte, llevamos a nuestra América, como luz y como hostia, y ni el interés corruptor, ni ciertas modas nuevas de fanatismo, podrán arrancárnosla de allí!
También se desarrollaran en Perú la Cumbre de los Pueblos y los foros de la sociedad civil, con agendas interesantes. También en esta vertiente paralela se esperan resultados, coincidencias y confrontaciones entre quienes como hombres van en dos bandos: “los que aman y construyen, y los que odian y deshacen”.
En fin, queridos lectores, son tantos los laberintos que podrán quedar a la elección de los protagonistas de la VIII Cumbre de las Américas en Perú, que bien vale la pena adelantar este “VAMOS A VER” que les propongo, para luego de su final arribar a las conclusiones definitivas. Pero algo sí puedo afirmarles con seguridad y es que si bien EE.UU. parece no querer cambiar jamás en sus apetencias imperiales, los tiempos han cambiado y ya todos los pueblos, con sus arremetidas y caídas, han visto o presienten el alba que llega o llegará inexorablemente.

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